¡Hola, trotamundos!
¿Me preguntas qué se *hace* en la Columna de la Victoria en Berlín? No es solo "ver", es sentir.
Imagina que caminas por el Tiergarten, el parque más grande de Berlín. El suave crujido de la gravilla bajo tus pies te acompaña. Poco a poco, el murmullo de la ciudad se va apagando, sustituido por el susurro del viento entre los árboles y el canto de los pájaros. De repente, sientes el espacio abriéndose, el aire más fresco, más libre. Aunque no la veas, la sientes: una presencia imponente que se alza sobre ti. Es la Columna de la Victoria. Sientes su escala, su peso en el aire, incluso antes de estar a sus pies. El sonido de los coches en las avenidas cercanas es un eco distante, pero aquí, en la rotonda, el silencio es más profundo, solo roto por el viento que te envuelve.
Para llegar es más fácil de lo que crees. El metro (U-Bahn) es tu mejor amigo; busca la línea U9 y bájate en Hansaplatz. Desde allí, es un paseo corto y agradable a través del parque. O, si prefieres el autobús, las líneas 100 y 200 te dejan justo en la rotonda. Una vez que llegas, la entrada está en la base de la columna. El coste es pequeño, unos pocos euros, y los horarios suelen ser amplios, desde la mañana hasta la tarde, pero siempre es buena idea chequearlos online antes de ir.
Ahora, prepárate. Entras y el aire se vuelve más fresco, con un ligero aroma a piedra antigua. Escuchas el eco de tus propios pasos mientras comienzas a subir. Es una escalera de caracol. Siente el frío de la piedra bajo tus dedos si tocas la pared. Cada escalón es una pequeña conquista. Escucha tu propia respiración, el ligero zumbido del viento que se filtra por las rendijas. Es un ascenso constante, una espiral que te eleva lentamente, y a medida que subes, la luz cambia, se filtra de forma distinta por las pequeñas aberturas, recordándote que estás ascendiendo dentro de un gigante.
Sí, son muchos escalones, más de 280, para ser exactos. No hay ascensor para el público, así que tenlo en cuenta. Pero la recompensa vale la pena. Arriba, en la plataforma de observación, el espacio es amplio. Puedes moverte libremente, sentir el aire fresco, el sol o el viento en tu cara. Lleva una chaqueta ligera, incluso en verano, porque el viento puede soplar fuerte ahí arriba. Es un lugar para sentir la inmensidad, no para sentarse, así que prepárate para estar de pie y absorberlo todo.
Y entonces, llegas a la cima. El viento te golpea suavemente en la cara, trayéndote el olor a pino y a ciudad. Escuchas el murmullo lejano de Berlín, un eco de miles de vidas en movimiento. Sientes la inmensidad del Tiergarten extendiéndose bajo tus pies, un manto verde que parece no tener fin. Puedes girar lentamente sobre ti mismo, sintiendo la brisa cambiar de dirección, y percibir la ciudad a tu alrededor. Es una sensación de vértigo y libertad a la vez, de estar suspendido entre el cielo y la tierra, observando la vida que fluye por debajo. Sientes la historia en el aire, el peso de los años, pero también la vitalidad de una ciudad que nunca para.
Una vez que has bajado y tus piernas te lo agradecen, hay mucho más que hacer cerca. Estás justo en el corazón del Tiergarten, uno de los parques urbanos más grandes de Alemania. Puedes dar un paseo tranquilo, encontrar un banco y simplemente escuchar el silencio. La Puerta de Brandeburgo y el Reichstag están a una caminata agradable a través del parque, lo que hace que sea perfecto para combinar la visita. También hay varios monumentos y museos cercanos, como el Palacio de Bellevue, la residencia del presidente alemán. Así que no es solo subir y bajar; es una experiencia que puedes extender y disfrutar durante horas.
¡Hasta la próxima aventura!
Clara por el mundo.